En torno a las lenguas clásicas, griego y latín, y a la cultura que expresan se ha creado Europa y, en realidad, toda la cultura que hoy se abre paso al mundo. Los griegos fueron los primeros progresistas, y los romanos, los primeros constructores de grandes espacios legales y políticos.

Nuestras lenguas, nuestras artes y literaturas, nuestro pensamiento, nuestra ciencia, nuestra política nada serían sin ellas.

Guía Turística.

EL INICIO DE MI VIAJE.

Era un día soleado y me encontraba paseando por la vieja y bella ciudad de Córdoba. Mi destino me había llevado hasta el centro de la ciudad, con más exactitud hasta el lugar donde moran las antiguas columnas del Templo Romano.
Eché a volar mi imaginación y me creé una historia en la que me remontaba varios siglos atrás, imaginándome al emperador Claudio dando órdenes a sus súbditos en el montaje de aquél magnífico templo. Rodeé aquel recinto, visualizando y analizando la belleza que se encontraba ante mis ojos. Pero el emperador Claudio, el cual inició esta construcción, ya no se encontraba en mi cabeza. Ahora estaba el emperador Domiciano, inaugurando ante su pueblo este lugar sagrado de oración.

Recuerdo las historias que me contaba mi padre, maestro de mi infinita imaginación. Entre ellas se encontraba la de mi ciudad, Córdoba, en los años del Imperio Romano. Me contaba que el nombre de mi ciudad no siempre había sido el mismo, mucho antes la llamaron Colonia Patricia Cordvba.
Mi niñez había pasado, y con aquellos viejos recuerdos de mi padre se nubló mi cabeza, y con ella mi historia de la creación de aquel templo. Me invadía la tristeza, y salí de aquél lugar. Anduve pocos metros, hasta llegar a la puerta del Ayuntamiento. ¿Qué estás haciendo?, me preguntó entonces mi conciencia. No es bueno aferrarse a la tristeza del pasado. Hoy soy lo que mi padre quiso hacer de mí: un conocido historiador que disfruta con las historias del mundo clásico. De esta forma decidí seguir adelante, y me dispuse a ir a visitar el Mausoleo Romano, situado en los Jardines de la Victoria, pasando antes por el conocido Puente Romano...

...aquel puente construido sobre el río Guadalquivir, el cual, probablemente, uniera Roma y Cádiz por la antigua Vía Augusta...
Y entonces llegué al Mausoleo, situado en los Jardines de la Victoria.

Visualicé a los romanos pasando junto a este monumento funerario, por la vía que unía Corduba con Hispalis, y que salía de la puerta occidental o "Porta Principalis Sinistra".
La mañana había cundido y mi cuerpo se encontraba derrotado tras la larga caminata... pero mi mente y mi imaginación seguían en funcionamiento, y tenían ganas de más. Córdoba, mi ciudad, preciosa, majestuosa, maravilla de las maravillas. Pero, ¿por qué no seguir buscando otra maravillas en mi tierra, la baja Andalucía? Sí, necesitaba seguir buscando restos arqueológicos clásicos y analizarlos, imaginando a las distintas civilizaciones a sus alrededores.
¿Por qué no seguir con Sevilla y su antigua ciudad de Itálica?
¿Queréis que os siga contando mi historia...?


Julia.

LLEGADA A HISPALIS.

Contemplando el paisaje, durante mi viaje a Sevilla, solo me fijaba en el origen de todas las cosas que me rodeaban, si serían de estilo romano o ellos mismos las habrían creado. Me rodeaban millones de olivos, de los que sé que todos y cada uno de ellos fueron cultivados por aquella antigua civilización. Esto me aventajaba en mi aventura por la vieja Hispalis.
Llegué a la ciudad, y al pisar sus antiguas calzadas sentí a los esclavos llevando en sus hombros a sus amos. Me fijé en el ambiente y solo podía imaginarme que sería una de mis mejores aventuras. Tenía tanta belleza a mi alrededor...
Caminando con un rumbo desconocido, me remonté a tiempos de Julio César, cuando era cuestor de la ciudad. Él mandó construir las murallas y sus torreones, que fueron reemplazadas por las antiguas empalizadas hechas con troncos y barro, existentes en la época de los cartagineses. Me imaginaba a los romanos defendiendo su ciudad, metidos en aquellos torreones día y noche para proteger su riqueza.


Este fue el primer monumento que visite pero no seria el último, ya que mi aventura por esta ciudad romana de Hispalis solo había empezado. Caminaba por las calzadas y veía en cada esquina un pedazo de nuestros antepasados, estatuas, azulejos...Me quedé plasmado con la belleza de todos los bustos que se encontraban en aquel lugar, la llamada Casa de Pilatos. Estaban todos, como si estuviesen en una cena todos reunidos, tallados cada uno de los emperadores romanos. Observaba con curiosidad todos lo detalles que estaban en cada uno de los bustos. Cada uno tenia un esplendor, una belleza inigualable...estaba delante de obras de arte que mis antepasados habían hecho con sus manos.


No estaba cansado, tenía ganas de más. Todo lo que había visto me había encantado, era la cuidad perfecta.
Navegando se encontraba él, aquel que tanto misterios llevaba y tanta belleza le daba a esa Torre del Oro, protectora y vigía de la ciudad. Tenia un nombre particular, no por tener oro, sino por los reflejos dorados que daban los azulejos que recubrían su fachada. Me dispuse a conocer más de esta antigua torre, para ello decidí adentrarme en ella. Estaba llena de tanta belleza que me dejó comprender la importancia de esa torre, que parecía tan simple: era la guardiana de todo el oro que circulaba por este río, llamado Guadalquivir.

Iba caminando hacia un rumbo desconocido, mi pensamiento me llevaba y conducía hacia épocas antiguas. Intentaba reconstruir cada momento y situación que había vivido esta ciudad. Me iba fijando en los nombres de las calles e intentaba relacionarlos con lo que ya conocía. Llegué a la conocida Plaza de la Alameda y lo primero que hice fue situarme en medio y observé que en cada uno de sus extremos tenía dos columnas. Mis ojos observaban poco a poco hasta llegar al final y, no me lo creía, estaba él. Corriendo busqué en mis anotaciones de qué me sonaba ese personaje que se encontraba al final de una de las columnas...y ¡sí! lo encontré plasmado en la bandera de mi comunidad autónoma, me di cuenta de la importancia que tuvo también en esta ciudad. Estas columnas habían sido encontradas en unas excavaciones para reconstruir una casa del centro de la ciudad. Pero a mi no me cuadraba, y me preguntaba que por qué estaban Hércules y Julio César al final de cada columna, pero rápidamente mis conocimientos me mostraron una antigua leyenda que contaba que fueron los creadores de Hispalis. 


Me pareció increíble todo lo que estaba viendo, cada monumento me estaba dejando más impactado, pero cuando estaba a punto de seguir conociendo esta antigua civilización, el atardecer se asomaba por esos pequeños arcos que se encontraban en el emblema de esta ciudad.


 Mi mirada señalaba y observaba con detenimiento aquella majestuosa, célebre y excelsa figura del Giraldillo que con su montera protege desde aquel torreón que pregonaba con sus campanas que ahí estaba la Giralda, que desde sus ventanas ves aquel horizonte lleno de belleza y riqueza que se titula...


 ...Sevilla.

María.
ITÁLICA

Un día me levanté y me encontré en un lugar en el que había cosas muy antiguas por todos lados, y me impresionó tanto que decidí hacer una guía turística por aquella maravillosa urbanización, llamada Itálica.

Empecé a andar por aquellas calles trazadas y por cada lado o esquina por la que pasaba, había rastro de nuestros antepasados romanos, los cuales nos han dejado muchísimos puntos específico en aquella urbanización. Era un lugar con abundantes arboledas y con muchos lugares verdes, me di cuenta que Itálica estaba situado al sur de Hispania aproximadamente a 8 km de Híspalis (Sevilla) junto a un afluente del río Betis (actual Guadalquivir) en una pequeña elevación que la salvaba de las crecidas invernales del río. Eran tierras muy fértiles para su cultivo y sitio estratégico.
Después de haber estado en Itálica no podía irme sin seguir investigando en ella porque sabía que había infinitas de cosas en las que se podía investigar y,  encontré un libro de la Historia de Itálica en la que leí que en ella nacieron dos emperadores: Trajano y Adriano.

                                                                      TRAJANO
                                                                     ADRIANO
Una vez que sabía su historia, me interesé por cada cosas que dejaron como por ejemplo el anfiteatro romano que allí se encontraba, no dejaba de mirarlo y de llevarme en el pensamiento que eso hombres romanos nos ha dejado y como podían hacer esas cosas en aquellas épocas y que se celebraba en aquellos lugares... era asombroso.
                                                                                                                                                                    



Una vez visitado este espléndido sitio, seguí por ese lugar y me di cuenta que a lo lejos había otro de las huellas que nos han dejados estos antiguos romanos, era el Teatro Romano.... maravilloso.

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Manuel Jesús González Fernández.